
(Agotado)
632 páginas. Papel ahuesado. 22 fotografías en páginas interiores.
Cubierta plastificada mate a todo color.
Solapas interiores. Encuadernación cosida.
ISBN: 9788493796563.
Sinopsis
Entre enero de 1949 y diciembre 1953, la joven alemana Edelgard Lambrecht y el poeta español José Fernández-Arroyo intercambiaron una intensa correspondencia que marcaría la vida de ambos. Basada en las cartas de Edelgard, en el diario de José y en años de investigación documental sobre la II Guerra Mundial y su posguerra inmediata, esta novela constituye un singular testimonio del sufrimiento del pueblo alemán tras la caída del nazismo, cuyos innumerables crímenes no sirven de justificación a la barbarie que las tropas aliadas, especialmente las soviéticas, ejercieron sobre la población civil de un país convertido en ruinas.
En esa oculta tragedia, los quince millones de alemanes expulsados de sus hogares en Prusia, Pomerania, Silesia o los Sudetes (de los que dos millones murieron durante la deportación) merecen más que una pequeña mención en los libros de Historia.
Todo lo perdimos –escribe Edelgard Lambrecht en la primera de sus cartas–: nuestra madre, nuestros dos hermanos y otros parientes próximos, la patria y los bienes; también nuestra salud sufrió mucho… De ello trata esta novela, pero también, y sobre todo, de la capacidad para sobreponerse al infortunio, del amor a la vida, del amor a todo lo que en la vida merece ser amado.
José Antonio Abella

Texto tomado de la página José Antonio Abella, página creada, mantenida y actualizada de forma paulatina por sus herederos con el propósito de preservar su memoria y contribuir a la recopilación y difusión de su legado literario y artístico.
José Antonio Abella (Burgos, 3 de enero de 1956-Madrid, 5 de julio de 2024) compaginó durante casi cuatro décadas su trabajo como médico rural con la escultura y la literatura, dedicando por completo sus últimos años a la creación literaria.
En 1992 publica su primera novela, Yuda (3ª ed. 2014), a la que siguieron La esfera de humo (1995), Crónicas de Umbroso (2001, 2ª ed. México, 2002), La tierra leve (2006), La sonrisa robada (2013), El hombre pez (2017, 2ª ed. 2018), Trampas de niebla (2018), La llanura celeste (2019, 2ª ed. 2024), Aquel mar que nunca vimos (2020, 8ª ed. 2025), Agnus diaboli (2022), El corazón del cíclope (2023) y Cáncer Imperátor (2024). En 2025 se han publicado de forma póstuma Todas las muchachas serán tuyas y Santa Selma, su penúltima novela. En 2026 verá la luz Dos novelas cortas, dos relatos largos, la última de sus obras en prosa.
En el volumen Unas pocas palabras verdaderas (2010) está recogida la mayor parte de sus cuentos y relatos, tres de los cuales obtuvieron los premios Emiliano Barral (2002), Encarna León (2005) y Hucha de Oro (2008). En 2014 recibió el prestigioso Premio de la Crítica de Castilla y León por su novela La sonrisa robada. Con El corazón del cíclope ganó en 2023 el LXX Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid.
Su estrecha vinculación con la ciudad del Acueducto, en la que residió desde 1987 hasta su fallecimiento, ha quedado plasmada en Segovia, ecología y paisaje (1993), obra de la que fue coordinador y coautor, en su guía Balcón de la mirada (2003), ilustrada por Mariano Carabias, y en Segovia, vuelo de agua (2012), proyecto en el que participó junto con otros escritores y artistas segovianos.
Como editor, en 2010 funda la pequeña editorial Isla del Náufrago, de la que estuvo al frente hasta junio de 2017. Posteriormente preparó una cuidadísima edición facsimilar de Escritos de vida (2018), los trece cuadernillos que realizaron Antonio Benaiges y sus alumnos de Bañuelos de Bureba entre 1935 y 1936 (el primero de ellos, desaparecido, fue recreado íntegramente por el propio José Antonio Abella).
Es autor de los ensayos La realidad posible, hacia un compromiso del arte (1992) y Covatelo, el escultor clandestino (2002). Dentro del ámbito escultórico, sus obras más conocidas son el Monumento a la Trashumancia (2000), situado junto a una de las principales vías de entrada a la ciudad de Segovia, y el Diablillo constructor del Acueducto (2019), que a raíz de la absurda polémica generada por un grupo ultraconservador católico fue protagonista en algunos de los principales medios de comunicación nacionales (enlace a la noticia en El País, La Vanguardia, ABC…) e internacionales (BBC, Le Monde, CNN, New York Times…).
Ecos de una novela
Antes de la consecución del Premio de la Crítica de Castilla y León esta novela tuvo cinco reseñas, lo cual no es precisamente poca cosa. De algún modo, su calidad extraordinaria empujaba a ello.
El 30 de enero de 2013, Alberto Martín Baró, en su columna de El Adelantado de Segovia ‘Las palabras y la vida’ publica la primera reseña de la que destacamos:
Páginas en prosa que en ocasiones se tornan poesía, como en el capítulo final ‘Al otro lado’, en el que misteriosamente se reúnen personajes de la novela, vivos y muertos, entorno a la cama del enfermo José: «Nadie habla. Nadie enciende la luz. La penumbra y el silencio crean una atmósfera mágica que nadie se atreve a romper. No se ve ya un pájaro en el cielo, sólo un puñado de estrellas, las más brillantes. En la calle, a la luz de las farolas, el viento de la noche arremolina las primeras hojas de otoño.
Una semana más tarde, el 7 de febrero, es Ignacio Sanz quien escribe en el blog ‘La tormenta en un vaso’ otra magnífica reseña que, entre otras muchas cosas afirma:
Lo que hace ahora Abella, amigo de Fernández-Arroyo, aunque treinta años más joven, es seguir el rastro de aquella muchacha y el de su familia para descubrirnos los entresijos de aquella relación. Y ahí empieza la aventura, en el viaje, en los viaje reales que el propio Abella hace a Flensburg para el acarreo de datos con los que armar el rompecabezas. Por ello se trata de una novela documental, con escasos vuelos imaginarios. No son necesarios cuando la realidad nos estremece. Sus amables informantes le cuentan historias que hielan el corazón. Ahí radica la fuerza, en el viaje, en los viajes, y en las historias que va allegando y que se entretejen con la correspondencia de Fernández-Arroyo. De tal modo que, al final, es el propio novelista, el doctor Abella, médico rural y novelista, residente en Segovia, el protagonista involuntario de esta novela que conforme avanza, a la chita callando, alcanza carácter de alegato contra la guerra, que habla de la estupidez de los idealismos, de sus contradicciones, que pone en solfa tantas barbaridades cometidas precisamente en nombre de la pureza de los fanáticos. Por supuesto, fanáticos de uno y de otro lado. Abella no se queda a estas alturas, en una crítica a los nazis ni a la brutalidad gratuita de la tropas aliadas; ni siquiera hacia los propios judíos que aparecen poco después de la guerra, los escasos que han conseguido salvar el pellejo, aplicando el mandato divino del “ojo por ojo”. No, La sonrisa robada nos lleva más allá de las causas y de los posicionamientos convencionales. De ahí que su lectura resulte conmovedora.
El 25 de marzo en el ABC, Nicolás Miñambres, bajo el título ‘Dramas humanos, sentimientos imposibles‘ también comenta la novela:
La variedad de registros narrativos es abundante y compleja. El lector avanza sin aliento por estas páginas descubriendo paulatinamente la visión adolescente y espontánea de la chica alemana y la de la formación médica de Fernández-Arroyo. Pero el lector asiste además al proceso creativo, verdadera obsesión para el autor, casi derrotado en muchos momentos por el esfuerzo. Se repiten los viajes a Alemania, el éxito en las gestiones, el hallazgo de la tumba de Edelgard y el recuerdo de Fernandez-Arroyo, como se observa en el regalo que para él traerá de Alemania: «Corto con el mayor cuidado dos de esas pequeñas ramas. Una es para José. Cuando regrese a España le hablaré de este árbol grande y sano. Le diré que duerme a la sombra de ese árbol, en el bosque más hermoso» (p. 235). La novela avanza paralela al retroceso vital de Fernández-Arroyo, desesperanzado ya: «José me había confesado que lo único que le ataba a la vida eran Lolita y el deseo de leer estas páginas que ahora concluyen» (p. 580)
Por su parte, Amando Carabias, el 29 de junio publica su reseña en la revista electrónica Alenarte revista. Sin embargo, por razones desconocidas ésta ha desaparecido de tal ubicación electrónica, por lo que el autor ha decidido volverla a publicar en el blog de nuestra web, El cuaderno del náufrago. Así concluye su reflexión:
Como si construyera una trenza con cuatro tramas (el libro y los recuerdos de Pepe Fernández; la vida de Edelgard y su familia; el final de la II Guerra Mundial; su tarea de investigación y acercamiento) esculpe la novela que guarda una sorpresa que al lector le bordará un nudo en el corazón y le recordará al más hermoso de los amaneceres. El lector no merece que mi torpeza haga trizas esta sorpresa última, este clamor a favor de la esperanza, a favor de creer que, a pesar de todo y a pesar de cuantos a lo largo de la historia se empeñan en lo contrario, la vida siempre es más que la muerte y la esperanza siempre encuentra su camino y el amor vence, incluso sobre el territorio de la destrucción.
Por úlitmo el 30 de septiembre (¡tan solo ocho meses después de la primera!), en la revista ‘Culturamas’, José Miguel López-Astilleros ahonda también en la novela y comenta:
Pero La sonrisa robada no es sólo una novela de personajes, de personas sería mas exacto decir; también es la novela de un tiempo histórico convulso y desgraciado. Con las palabras de José, Edelgard y Abella asistimos a la reconstrucción de unos trágicos acontecimientos que tuvieron lugar durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Lo novedoso, o mejor, lo particular del planteamiento de esta obra es que, mientras hay miles de libros que nos cuentan los horrores cometidos por el ejército nazi, la perspectiva que se nos ofrece es la contraria, a saber, los horrores que cometieron las tropas rusas y los aliados en su camino hacia Berlín: saqueos, violaciones, torturas, asesinatos y vejaciones sin límite, que prueban que la crueldad siempre es patrimonio de los vencedores, sea por venganza o por simple brutalidad, ejemplo de ello es la dramática narración del bombardeo indiscriminado sobre Stettin y Dresde. Si el autor exhibe una cuidada exquisitez en el tratamiento de los personajes, aquí también está presente ese cuidado, puesto que no hay defensa ideológica o política que no emane del punto de vista humano de los que sufren, desde el que están presentados los hechos; tanto es así, que hay algunos momentos en que los crímenes cometidos contra los judíos y la población civil alemana están situados en el mismo bando, en el de las víctimas causadas por la ferocidad y la iniquidad del ser humano contra sus semejantes. Será el lector quien habrá de extraer la lección moral, ¿cabe mayor respeto y sutileza?
- 10/02/2013. «Un diagnóstico póstumo y una sonrisa robada»
Mónica Lalanda
Médicoacuadros - 12/05/2013 «Presentación en Valladolid de La sonrisa robada, por Yolanda Izard»
Yolanda Izard
Cuaderno del Náufrago
