Habitando el suspiro


«Invito con este poemario (más allá del pudor, la duda, la incertidumbre o el miedo que causa mostrarse) a asomarse a mi suspiro, pasear su superficie e incluso, como yo misma, a habitarlo; a serlo» afirma Sonia Martín Giménez en una brevísima introduccón al poemario que se abre con el poema que aquí dejamos. Si lo hacéis, no os defraudará este viaje:


Decido
Decido, pese a todo, y flotando de puntillas
en el leve y mínimo espacio del suspiro,
entonar de nuevo, y sueño una estrofa
oída en tiempo ancestral, en ese intervalo
en el que quisiera poder susurrar entre líneas
todas las melodías que alojan las caracolas.

Prensa, radio, televisión, presentaciones, recitales. Habitando el suspiro avanza, continúa su tarea de provocar en el lector la luminosidad que nace de esa otra realidad que habita por debajo de la propia realidad, acaso el manantial del que se nutre.
Versos los de Sonia Martín Giménez de estirpe szymborskiana (como ha señalado ya la crítica), pues como mucha de la poesía de Szymborska, la de Sonia usa de la ironía y la precisión para poner en duda verdades tenidas por absolutas, encuentra asombro en lo más cotidiano, pero sobre todo porque en sus versos se percibe la desconfianza en las grandes palabras y prefiere centrarse en la experiencia individual, en la fugacidad del instante.
Habitando el suspiro no es ajeno, a pesar de lo anterior, o quizá por ello mismo, al dolor del ser humano. La obra denuncia el sufrimiento que causa nuestra civilización a tantas personas vulnerables, especialmente mujeres que padecen por su simple condición femenina.

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