
328 páginas. Papel ahuesado.
Cubierta plastificada mate a todo color.
Solapas interiores. Encuadernación cosida.
ISBN: 978-84-947089-0-9
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Breve sinopsis
Tatán Saiz Lobo, agente forestal lleno de vida y de proyectos, comienza a sentir dolores en el pecho y en una cadera al regreso de un viaje a Bolivia. Después de un rosario de pruebas en el hospital de Cruces, el diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea. Su padre, Juan Andrés Saiz Garrido, enfermero de urgencias, sabe que el pronóstico es fatal.
Durante una sesión de quimioterapia en el hospital de Segovia, el padre se topa con la frase central de la novela de Tolstoi, La muerte de Iván Ilich:
“Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal”.
Reacciona con ira:
“Todos sí, pero mi hijo no; Tatán no es Cayo ni Iván Ilich, es un templo de bondad y belleza, con toda una vida por delante”.
Asumir esa muerte imparable que llega será una de las tareas durante la corta enfermedad.
Tras el desenlace, tan angustiosa es la ausencia, que Juan Andrés se agarra al recurso que más le alivia, la escritura, y rememora la vida con su hijo. Fruto de esa catarsis, surge un texto cargado amor y dolor, de honda reflexión y ternura, de emociones y sonrisas compartidas… Incluso de esperanza en el deseo de mantener viva, en la memoria de cuantos lean este libro, la imagen de Tatán.
Juan Andrés Saiz Garrido
Texto de la solapa del libro, junio de 2017

El Espinar, Segovia, 1951.
Escritor, sanitario del Servicio de Urgencias y periodista. Entre 1974 y 1982 fue redactor de “El Indiscreto Semanal”, “Diario de Castilla” y “Tierra”.
Desde hace cuarenta años cNolabora con artículos de opinión en “El Adelantado de Segovia” y, más recientemente, en el periódico “El Espinar”.
Entre su obra publicada destacan los siguientes libros: Los gabarreros de El Espinar (Diputación de Segovia,1996), Guía del municipio de El Espinar (Ayuntamiento de El Espinar, 1998), Un alto en el camino (2000), Crónicas del Sentimiento (2006) y El Espinar (Editorial Mediterráneo, 2007).
Desde el año 2003 dirige y edita la revista profesional “Transportes”.
Reflexión del editor
Como se afirma arriba, Cayo es mortal está agotado. Quizá por ello, alguno podría pensar que con tener alojada en esta web lo fundamental que precede a estas líneas, sería suficiente, pues no va a ser posible su venta. Sin embargo, a veces sucede que los libros tienen vida propia, más allá de sus páginas y de sus letras, unas circunstancias que lo dotan de vida y que uno cree que no deben perderse en vagos recuerdos.
La primera de esas circunstancias es que Cayo es mortal es el libro de la transición de Isla del Náufrago. Justo con esta novela testimonio, el fundador de nuestra Asociación Cultural, nuestro inolvidable José Antonio Abella, me enseñó a usar el programa de maquetación de libros. (Pagar ese trabajo a una imprenta terminaría por hacer inviable nuestro propósito más pronto que tarde). También me enseñó algunos rudimentos sobre el mundillo literario que sólo conocía desde mi limitada experiencia como autor publicado, como asistente a presentaciones de libros y, fundamentalmente (esta es mi gran suerte) como lector. Dicho de un modo coloquial, pero que todos entienden: Cayo es mortal fue mi bautismo de fuego y eso no se olvida.
La segunda circunstancia también tiene nombre propio, Juan Andrés Saiz Garrido. Conocer a semejante torrente de bonhomía, sensibilidad e iniciativa no deja indiferente a nadie. Fue mi primer autor en orden cronológico, y eso tampoco se olvida.
Y por último, aunque podría continuar: el testimonio aquí narrado me obliga a que su página permanezca no sólo con cierto aire de archivo, como constancia de una publicación física que ya se repartió entre quienes quisieron leerla, sino como documento accesible que permita a muchos en el futuro poder acercarse a lo esencial de esta obra.
Por tanto, la página de Cayo es mortal de nuestra Web, sirva también como homenaje (aunque sea un poco pálido, lo sé) a Tatán y a su padre, que nos ha regalado a todos sus lectores un libro tan hermoso como conmovedor.
Cayo es mortal es una respuesta. Una respuesta valiente, estremecedora y sincera. Una respuesta también emocionante, pero que embarga en lo más hondo, muy alejada de ñoñerías y lágrimas fáciles o superficiales. Aquí encontraréis la entereza de varios seres humanos, contemplados desde la visión nada edulcorada, pero sí intensa y muy poética, de su autor Juan Andrés Saiz Garrido, quien, imbuido de vida, pasión, recuerdos y versos de Benedetti, Machado, Ángel González, etcétera, nos ofrece un ejemplo de entereza moral que podría ser un buen modelo para los tiempos que corren…
El bálsamo de Juan Andrés
Artículo de El Adelantado de Segovia de 9 de junio de 2017 (Guillermo Herrero)

Lo peor que le puede pasar a un hombre es ver morir a un hijo. De la certeza de esta frase, muy extendida en el acervo popular, puede dar fe Juan Andrés Saiz Garrido. La enfermedad y muerte de Tatán Saiz Lobo le convirtió en un alma en pena, irreconocible hasta para los más cercanos. Alicaído, con el semblante triste y visiblemente más delgado, Saiz Garrido debió pasar entonces las de Caín.
Ahora, pasado ya un tiempo, acaba de publicar un nuevo libro, Cayo es mortal (Editorial Isla del Naúfrago), donde relata toda aquella experiencia, dura, pero intentando, sobre todo, transmitir un mensaje de esperanza. “No es un libro para sufrir”, advierte a las primeras de cambio. En cualquier caso, no oculta la historia de Tatán, su hijo, un agente forestal lleno de vida que comienza a sentirse mal tras un viaje a Bolivia. El diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea.
Poco después, Saiz Garrido se topa con una frase de Tolstoi en su novela La muerte de Ivan Ilich: “Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal”. La cercanía de la muerte de Tatán supuso un auténtico mazazo para el escritor. Debía asumir la llegada de la parca, un reto mayúsculo.
Tras el desenlace, Saiz Garrido se agarra a lo que más le alivia, la escritura. “Tenía una necesidad vital de escribir este libro; si no lo hubiera hecho no habría enterrado correctamente a mi hijo”, dice. Reconoce haber llorado redactando Cayo es mortal, pero agrega que esas lágrimas fueron “liberadoras”. Deseaba expresar sus emociones más íntimas, entendiendo que “si no las sacaba al exterior se iban a pudrir dentro, dejándome morir en vida”. En ese sentido, el libro fue un bálsamo para curar la herida. Siete meses tardó Saiz Garrido en componer la obra, y tres años ha permanecido en un cajón, hasta que su esposa, Marisa, ha dado el visto bueno a la publicación, que se complementa con una web, cayoesmortal.es, colorista, donde se han recopilado fotos de Tatán en sus viajes por el mundo.
“Entiendo que Cayo es mortal puede ser un homenaje a nuestro hijo y, al tiempo, ayudar a familias que se sienten perdidas ante una situación similar”, sostiene el escritor.
A nivel personal, Saiz Garrido confiesa haber aprendido escribiendo el libro; entre otras cuestiones dice haber descubierto que un hijo es un desconocido para cualquier padre. “A pesar de la buena química que yo tenía con Tatán, le he conocido mejor en su ausencia”, afirma.
De los mensajes dejados por Tatán durante su existencia, Saiz Garrido quiere ahora rescatar, a modo de resumen, al menos dos: su pasión por vivir y su apología de la naturaleza. “Este libro —concluye Saiz Garrido— no busca un baño de lágrimas; al revés, es un canto a la vida”.
«Cayo es mortal»
en el Norte de Castilla, edición Segovia.
El jueves 6 de julio [2017] en la edición segoviana de El Norte de Castilla el periodista Carlos Álvaro publicó una reseña sobre Cayo es mortal. Aquí la tenéis, unos días después de su publicación.
Llorar duele, pero también libera

El escritor Juan Andrés Saiz Garrido publica ‘Cayo es mortal’, un libro dedicado a Tatán, su hijo fallecido hace cinco añosCARLOS ÁLVARO Segovia
Jueves, 6 julio 2017, 14:14
«Lloré mucho escribiendo este libro, mucho, mucho, mucho…; y llorar duele, pero también libera. A veces, el llanto es satisfactorio, no de felicidad, pero sí de desahogo. Cuando a una persona se le muere un hijo…, hace algo para respirar o de lo contrario… Quiero decir que el pintor pinta un cuadro; el músico compone una sinfonía; el poeta escribe versos… De alguna forma hay que exteriorizarlo».
No ha sido fácil para Juan Andrés Saiz Garrido (El Espinar, 1951) escribir sobre la muerte de su adorado Tatán, segundo de sus cuatro hijos, pero el resultado es una delicia. Contra lo que pudiera pensarse, ‘Cayo es mortal’(Isla del Náufrago) no es un baño de lágrimas, sino una lección de vida y humanidad, un compendio de enseñanzas y valores que abre la puerta a la esperanza, a la certeza de que un mundo mejor es posible. «Los que somos padres procuramos inculcar valores nobles a nuestros hijos. Les decimos: haced lo que queráis, pero por el camino de la bondad, reflexiona el autor.
Tantán Saiz Lobo, un joven agente forestal lleno de vida y proyectos, comienza a sentir dolores en el pecho al regreso de un viaje a Bolivia. Después de un sinfín de pruebas en el hospital vizcaíno de Cruces, el diagnóstico no deja lugar a la duda: cáncer de pulmón con metástasis ósea. Su padre, Juan Andrés, enfermero de Urgencias además de escritor, sabe que el pronóstico es fatal. Un día, durante una sesión de quimioterapia, leyendo ‘La muerte de Iván Illich’, de Tolstoi, se topa con un silogismo estremecedor: «Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal». «Todos sí –pensé– pero mi hijo no. Tatán no es Cayo ni Iván Illich; Tatán es un templo de bondad y belleza, con toda una vida por delante». Asumir la proximidad de la muerte es uno de los retos que Juan Andrés y los suyos afrontan con entereza y mucho amor durante la convalecencia de Tatán.
El fatídico desenlace no tarda en llegar. El dolorido padre se agarra entonces al recurso que más alivia su ánimo, la escritura, y con el corazón en la mano, que es como mejor se hacen las cosas, y una prosa elegante, carente de tópicos y sensiblerías, pero llena de amor y dolor, de honda reflexión y ternura, va esculpiendo página a página la figura del hijo ausente, que a lo largo del libro emerge pura, limpia, vigorosa, imponente. En ‘Cayo es mortal’, Saiz Garrido consigue algo tremendo: devolverle la vida a su hijo, aunque solo sea literariamente. «Hay un ejercicio de introspección muy grande. Echando mano de la memoria, logré reconstruir conversaciones que mantuve con él, momentos de complicidad que vivimos en numerosas ocasiones… Pero también hay en el libro un ejercicio bestial de documentación, porque revisé sus papeles, sus libros, sus discos, sus canciones, sus archivos fotográficos… Y regresé a los lugares que pisé con él, al Valle de Mena, a Fuentes Carrionas… y seguro que volveré a Mozambique en breve… ¿Todo lo que hago es culto a él? No, no todo, pero Tatán sí alumbra todo lo que hago. Siempre le tengo presente. Aunque no me obsesiona, sería injusto olvidarle», confiesa el autor, que asegura haber conocido más todavía a su hijo tras lo ocurrido: «Este duelo nos ha permitido entablar amistad con sus amigos, que me traen fotografías, que me cuentan cosas, anécdotas y recuerdos. Ahora conozco más a Tatán, o por lo menos, de otra manera».
La pasión de vivir de Tatán y su intenso amor por la naturaleza son constantes en un libro que ha tardado algunos años en ver la luz: «Tatán murió en la primavera de 2012 y yo empecé a escribir en otoño. Tardé siete meses en acabarlo. Después, le di a mi esposa, Marisa, el borrador para que lo leyera, pensando, ingenuamente, que lo que para mí había sido un placentero ejercicio que había conseguido sacar fuera parte del dolor, sería igual para ella… Tardó casi tres años en decidir que se publicara».
Pero la obra es una bendición y mañana será presentada en la Feria del Libro de Segovia, donde Saiz Garrido firmará ejemplares y completará, con palabras, el homenaje a su hijo. Será a las 20:00 horas.
Como dice el último párrafo del artículo, el día 7 a partir de las 20.00, se produjo la firma de ejemplares, previa entrevista o conversación que el propio Carlos Álvaro mantuvo con nuestro autor, y aquí está la prueba gráfica de ello.

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